... o vida y obra de la tribu del tofu, como gusten ustedes.

17 de junio de 2008

Comer vegetariano en Ikea

Buenas,

esta mañana mi medio calabacín me ha propuesto una mañana de vicio y perversión. Tras subirme los pantalones decepcionado, y con mi hija en brazos, me ha desvelado que vicio y perversión significa mañana en el Ikea viendo muebles. Como son las mujeres, no saben que sólo tenemos una temática, que tiene que ver con Suecia pero no con sus muebles.

A la entrada nos han dado un vale por una pepecola en el bar, y como Carmen ha dicho que ella necesitaba también un refrigerio, pues hemos ido a la zona comedor. Un punto a favor para las mamis que dan la teta es que tienen un rinconcito muy íntimo y resguardado donde dar el pecho. Con su cómodo asiento y resto de decoración Ikea. En lo que comía la peque, me he fijado que entre los platos de "armóndigas" (que diría alguien que yo me se) había una V grande en verde y un cartelito que ponía "Cus cus de verduras". Así que hemos comido allí.

¿Qué tal? Pues de primero he cogido por un euro el menú infantil, que era un plato de macarrones con tomate, una botella de agua (o zumo) y un yogur. Y de segundo, por casi cuatro euros, el plato de cuscus. Por menos de 5 euros, dos platos, bebida y postre no está mal. Sobretodo dentro de un centro comercial. El cuscus estaba "salao pa' perros" (otra expresión familiar) pero se ha dejado comer. El veredicto que no es como para ir a comer a drede, pero si te pilla allí, pues se puede comer. Y es de agradecer que tengan que venir los suecos a explicarnos que existen los vegetarianos, y que no sólo hacemos al fotosíntesis, que necesitamos hacer caca también.

Por cierto, hoy ha sido día de cachorritos. De una puerta de un local han salido varios gatitos negros. Más monos (que diría más de una señorita) ellos, con su pelito alborotado. El más valiente ha asomado como 20 centímetros de la puerta, pero a la que hemos dado un paso ha vuelto raudo y veloz. Y eso que hemos dado el paso para irnos, que si no. Y por la tarde hemos visto que los patitos que encantan a Pablo (y con los que le convezco para ir a la piscina) habían criado. Una orgullosa mamá al frente de 3 pequeñines nadadores. Ha sido ver a Pablo y ponerse a piar hasta que casi se desgañita. Y eso que somos muy respetuosos y los vemos desde razonablemente lejos. Luego ya han llegado el resto de cafres y se han ido los patitos.

Uy, se me olvidaba. Estoy "bastante" deprimido, dado que mi carrera de escritor de microrrelatos ha sufrido un revés doble de esos que hacen tambalear a los más duros, con lo que nos os cuento a mí. Por un lado, me presentaba al concurso de Cercanías Renfe, que aún no han salido en la web los ganadores, pero que me enteré por otro lado que dieron los premios en la feria del libro. Mi relato era este y a mí me parecía bueno:

Trayecto

Viajar no es llegar al destino, sino disfrutar del trayecto – comentó melancólico Claudio.
No será a tu lado, tío plasta – respondió tajantemente Ofelia.
El problema es que no te fijas en las pequeñas cosas, como en los almendros en flor o en…
El problema es que eres plúmbeo como un vaca en brazos, ¿qué hay de interesante en coger todos los días el Cercanías? – interrumpió ella.
¿Poder compartir el viaje contigo?
Me remito al primer comentario, además, siempre volvemos al mismo sitio.
Por eso lo importante es el trayecto, no el destino – dijo sonriendo él.

Como no han publicado los ganadores, pues no puedo decir el consabido "el mío era mejor".

El que si me ha dolido ha sido el de la Fnac, dado que mi relato me parece que debía estar entre los 20 finalistas. No es fuese estupendo el mío, pero desde luego mejor que algunos si lo era (tengo buen perder, como véis). El relato es este:

“¡Ese lomo, que hace frío!” – escuchó mientras se cerraba solo el libro que acababa de abrir. Incrédulo, volvió a abrirlo – “¿Pero tu estás sordo o qué?” - se escuchó con el mismo tono de las voces en off de las películas. Instintivamente, y sintiéndose algo ridículo, alargó la mano para pulsar el interruptor. De inmediato, una cálida luz inundó la mesa. Volvió a abrir el libro, con sumo cuidado. Dentro, no encontraba ninguna palabra escrita, nada más que páginas y más páginas en blanco. Finalmente, observó que de la página veintitrés colgaban unas cuantas palabras sueltas. Abrió por dicha página y allí las encontró, arrinconaditas, en el margen superior izquierdo, que al parecer es el más calentito. “Ah, ¿eres tu? No sabes que las palabras decentes también madrugamos. Vete a la cama, haragán”.

Ramiro decidió buscar en su estantería algún otro libro que sí necesitara un lector.

En fin, habrá que seguir intentándolo.

Besitos.

2 comentarios:

margaly dijo...

como me habian comentado lo del ikea, fui un dia a probar, mas que nada a buscar las hamburguesas vegetarianas que me dijeron que habia. No era verdad. Tenian pasta con una salsa de nata o queso... para vegetarianos si, pero no para mi. Los veganos lo tenemos mas dificil.

Los relatos estan bien, pero tu humor no es muy corriente corasao, creo que habra muchos que no lo entiendan/compartan.

... dijo...

me gusta mas el primero que el segundo. El del cercanias me ha encantado, yo te daria premio!

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